
ÓPALO.
Blanca Álvarez González.
Alfaguara.
Serie roja. Marzo 2009.
Claudia, adolescente entre algodones, que
vive en su “realidad rodeada de vallas”
entre apariencia y frivolidad, conocerá a tres personas que cambiarán su forma
de ver, entender y comportarse ante los nuevos mundos que descubre en ellos.
Estas personas son:
Su abuela, Miao-San, que a través del
relato de su vida y la de su madre, la enseñará a tener paciencia, sabiduría y
ternura. La abuela de Claudia es hija de una historia de amor y muerte entre
una espía de la Primera Guerra Mundial, su bisabuela, y el hombre a quien más
amaría y a quien el destino le tenía reservado un final épico.
Segunda, la “Diosa de los Fogones”,
aportará a su nueva vida mutismo y magia desde La Casa del Té Silencioso. El misticismo
precolombino de Segunda se mezcla con la filosofía oriental de Miao-San por las
habitaciones de una casa con nombre propio, ejemplo de ello la cocina, la ya
mencionada Casa del té Silencioso, el Cuarto de los Tres Deseos…
Vicente, discípulo de su abuela y situado
al otro lado de las vallas de la urbanización de Claudia, le aportará descubrir
el amor sin los artificios del mundo de pijolandia y la reflexión que el tiempo
necesita para ir siendo experiencia.
Los cuatro entrarán en un relato en el que
se mezclan magia, traición y muerte donde el destino sí decide y … “la vida es breve para cumplir nuestros
deseos y larga para atormentarnos”.
Una estupenda narración, que apoyándose en
cambios de tipo de letra, se adapta a cada momento de la novela, sea un relato
de espías del pasado, un cuento tradicional oriental o cenas en una terraza en
el Madrid actual, y que nos lleva a ir
descubriendo valores poco conocidos y muy poco vividos por los adolescentes actuales
pero que se sorprenderán lo maravillosos que pueden ser si aprenden a vivir con
ellos.
Es una magnífica invitación a la reflexión
personal de adolescente a adolescente. El pasado familiar, las raíces de
nuestra existencia, los secretos de familia mejor guardados, ese fantasma que
pasea durante nuestra vida en casa de nuestros padres, se convierte a partir de
la figura de Ópalo en esencia imprescindible para entender el presente. El
pasado llega al presente para invitar a un futuro lleno de ilusiones.